terminé la comida, tenía el estómago hinchado y con ganas de dormir sin soñar. pedí permiso a la dueña de casa y salí a la calle. tomé mi auto y sin parar llegué a mi casa. abrí la puerta y entré silenciosamente. mi perro esperaba su paseo. se acercó moviendo la cola y yo tan solo atiné a rascar su cabeza. cogí su correa y salí a pasear a mi perro. dos perros enormes le miraron a mi perro. este no sabía lo que es el temor y saltó sobre ellos, y ellos tan solo le hicieron pedazos. quise ayudarlo, pero, tenía tantas ganas de dormir que me di media vuelta y entré en la casa. no pasaron mas de unos minutos cuando mi perro aullaba y arañaba la puerta de casa. no quise levantarme pero, este seguía insistiendo. salté con rabia de la cama y le abrí la puerta. sentí pena y temor. mi perro le faltaba una oreja, un pedazo de pata y la cola y el vientre estaban llenos de sangre. aún así, mi perro movió la cola y sacó el pedazo de lengua que aún le quedaba. entró manando charcos de sangre y luego, cayó sobre el piso. el sueño se fue por la puerta de casa y llevé a mi perro a un hospital. murió en el camino, mientras dentro de mí, mi alma lloraba. le envolví en un pedazo de tela y lo enterré en mitad del jardín. desde esa fecha siempre riego ese trozo de jardín. y por las noches, cuando vuelvo a casa, escucho aullar al perro que tenía en casa. me pongo muy triste y duermo sin parar, echado bajo una manta en el jardín de mi casa. era mi único amigo, aún los es, cuando duermo en su último lecho, y siento que me lame las manos y duerme a mi lado, sin soñar un instante.